Isabel II
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Fernando VII
Isabel II

 

1830-1904

 

Inmediatamente de conocida la muerte de Fernando VII, María Cristina, de veintisiete años de edad, queda investida regente.

 Al mismo tiempo el infante don Carlos se proclama rey: “Carlos V a sus vasallos: Bien conocidos son mis derechos a la corona de España en toda la Europa y los sentimientos en esta parte de los españoles... Ahora soy vuestro rey”.  

Primera guerra carlista (1833-1840)

 El grito ¡Viva Carlos V! lanzado en Talavera de la Reina (Toledo) el 3 de octubre de 1833 por el funcionario de Correos, Manuel María González, luego detenido y fusilado, se considera tradicionalmente como el pistoletazo de salida de esta guerra civil.

 Alrededor de la regente se alían todos los que se oponen a don Carlos: los liberales moderados o constitucionalistas (porque querían modificar la Constitución de 1812, tal vez con la referencia de la Carta francesa de 1814) y el grueso del ejército (que era mayoritariamente masón, algo odiado por don Carlos).

 Bajo la bandera de don Carlos, un hombre inflexible en el terreno de los principios “Dios, Rey y fueros”, se sitúa sobre todo el clero y los regionalistas –vascongados, aragoneses y catalanes- que aspiran al mantenimiento de sus fueros.

 El coronel Tomás de Zumalacárregui logra la transformación de un caótico entorno carlista en un pequeño ejército disciplinado con táctica de guerrillas frente a las tropas regulares.

 Su muerte, en junio de 1835, durante el sitio de Bilbao, cierra la página ascendente del carlismo en la región vasco-navarra, donde había cosechado sonadas victorias contra al ejército isabelino.

 La contienda entra entonces en una dinámica de batallas estériles, muchas de ellas acabadas en tablas. En lo más enconado de la lucha don Carlos pudo tener de su parte 80.000 hombres, de ellos la mitad en el país vasco y el resto en Cataluña, Valencia y partidas sueltas. Los Isabelinos eran por lo menos el doble sin contar la milicia nacional que comprendía todos los varones útiles y que guarnecía las ciudades. Si la guerra duró siete años, y hubo momentos en que parecía que iba a triunfar el pretendiente, se debió a las discordias internas del bando isabelino y a que las tropas carlistas estaban más motivadas; sobre todo los batallones vascos bien aleccionados por un clero adicto. 

El pretendiente llega hasta las puertas de Madrid. Pero lo curioso es que el rey carlista no pretendía conquistar Madrid por las armas, cosa que sabía imposible o dificilísima, sino que confiaba en que su sobrina y cuñada María Cristina le reconociera como soberano pactando el matrimonio de Isabel II con su hijo, según un proyecto transmitido por la propia regente a su hermano el Rey de las Dos Sicilias que hacía de mediador.

 Pero la reina se siente fuerte con una constitución que ha reforzado sus poderes como regente y un ejército superior, así que se vuelve atrás de lo propuesto meses antes. Se pierde así la oportunidad de poner fin a la escisión dinástica continuando una contienda civil que durará, con periodos de descanso, hasta Franco.

 Apoyada por su mejor ejército, al mando del general Baldomero Espartero, derrota a don Carlos en Peñacerrada. Diego de León los aplasta en Belascoaín y don Carlos debe retirarse.

 El general Espartero fomenta hábilmente la división entre los mandos carlistas. Las provincias están exhaustas. Los vascos pretenden salvar lo que para ello era esencial, sus fueros, y los militares sus carreras. Estas fueron las bases de las negociaciones de paz que se sellan el 31 de agosto de 1839 con el Convenio de Vergara firmado por Espartero (que recibe el título de duque de la Victoria) y Rafael Maroto, lo que pone punto final a las hostilidades en el norte. El pretendiente don Carlos se exilia en Francia.

 La resistencia del militar Ramón Cabrera en el Maestrazgo (comarca situada al noreste de la actual Comunidad Valenciana) prorroga la lucha en tierras catalanas hasta mayo de 1840, cuando se consuma la entrada de Espartero en Morella y la retirada de Cabrera hacia la divisoria francesa. El cruce el 4 de julio de esta línea fronteriza por los últimos soldados carlistas supone el fin de esta primera guerra que ha durado siete años.

 La transformación del ejército

 La guerra carlista transformó el ejército que se contagió de las luchas partidistas. Como poseían la fuerza era tentador hacer uso de ella en sus opciones partidistas. Así nació la técnica del pronunciamiento cuando un jefe prestigioso denuncia los vicios del personal gobernante y anuncia su intención de derrocarlo.

 Para que su poder fuera efectivo, los generales tenían que disponer de tropas disciplinadas. Se las facilitaron las quintas, el servicio militar obligatorio, casi universal para los pobres y odiado por su dureza. Los ricos se eximían mediante la redención a metálico.

 Este poder militar no era clasista. Formaba parte del juego político. Los progresistas se apoyaban en Espartero, pero las tareas de gobierno las llevaba a cabo burgueses como Olózaga y Madoz. Los moderados tenían su principal sostén en Narvaez, el espadón de Loja,  pero en las directivas económicas intervino Salamanca y Claudio Moyano.

 

La desamortización (eclesiástica) de Mendizabal (1834-1854)

 La desamortización de Mendizabal tiene su origen en la delicada situación financiera de la Hacienda española durante la primera guerra carlista. La solución fue la incautación por el estado de los bienes de las órdenes religiosas, con la salvedad de los dedicados a la enseñanza y a la asistencia a enfermos y niños pobres.

 El fundamento era convertir en bienes nacionales las propiedades sustraídas al mercado libre (amortizadas) que estaban en manos de algunas entidades civiles y sobre todo eclesiásticas (manos muertas). Inmediatamente era revendido a ciudadanos particulares, normalmente por medio de subasta.

 La privatización de fincas rústicas afectó al 25% del territorio español, pero no se tradujo en una modificación importante de la propiedad porque el miedo a la Iglesia retraía a los pequeños propietarios de acudir a las subastas. Los grandes señores se quedaron con esos bienes manteniendo una estructura latifundista, escasamente provechosa.

 Eso sí el objetivo recaudatorio se consiguió percibiendo la Hacienda Pública 14.435 millones de reales, probablemente menos de lo que se hubiera podido conseguir con un reparto más amplio.

 Como aspecto negativo la desamortización influyó negativamente en la conservación del patrimonio artístico y cultural que atesoraban las entidades religiosas. Los centros benéficos (hospitales, asilos) que tradicionalmente acogían a los desheredados también sufrieron las consecuencias y se dispararon las cifras de muertes de niños abandonados.

 El Concordato de 1851 marcó el reconocimiento por la Santa Sede de la monarquía isabelina a cambio de una dotación estatal para las atenciones del culto y clero en compensación por las enormes transferencias de propiedad realizadas por las desamortizaciones.

 

La regencia de Espartero (1840-1843) 

Espartero ambicionaba la regencia así que, finalizada la primera guerra carlista, organiza, el 1 de septiembre de 1840,  una insurrección en Madrid, mientras la reina gobernadora está en Barcelona. El 12 de octubre María Cristina lee en Valencia su renuncia a la regencia. El 17 se despide de sus hijas y embarca en el vapor español Mercurio con destino a Francia. Isabel tenía 10 años.

 Espartero ejerce la regencia durante casi tres años. En el interim María Cristina no ceja en su intervención en los asuntos de España y financia un complot contra Espartero que fracasa el 7 de octubre de 1941. O´Donnell que se subleva en Pamplona y Narvaez en Andalucía logran huir. Diego de León muere fusilado.

 Su línea de gobierno autoritaria provoca el rechazo del progresismo. El 30 de julio de 1843 Espartero debe abandonar España después de que una sublevación militar, dirigida por Narvaez, O´Donell y Prim, le arrebatase el poder.

  

Isabel Reina (1843-1868)

 La situación que queda es tan confusa que se decide declarar mayor de edad a Isabel II. El 8 de noviembre de 1843 presta juramento en el senado. Tiene entonces trece años y un mes.

 Isabel no había recibido prácticamente educación. Era de constitución obesa con una afición desmedida hacia los dulces y hacia los hombres, las joyas y los vestidos.

 El 28 de noviembre Salustiano de Olózaga, presidente del Consejo, le presenta un decreto de disolución de las Cortes, sin fecha, que ella firma tranquilamente. Advertido Narvaez logra que la reina destituya a Salustiano y nombre a D. Luis González Bravo[1] convirtiendo la firma en una historieta en la que aparece Olózaga persiguiendo a la reina y retorciéndole el brazo para obligarla a firmar. La reina ratificó esa bola empezando su reinado con una mentira.

 

La boda (1846)

 La decisión de elegir consorte para Isabel choca con las presiones de las potencias extranjeras, que ven en uno u otro candidato amenazas de alianzas no deseadas.

 Un candidato es el conde de Montemolín, hijo del pretendiente carlista don Carlos. Es primo hermano de Isabel pero solucionaría la situación de guerra civil. Sin embargo los partidarios de uno y de la otra no se ponen de acuerdo porque los primeros quieren que Isabel se case con el rey carlista y los segundos que el príncipe se case con la reina legítima.

 Finalmente, tras numerosos descartes, solo queda Francisco de Asís, primo hermano de Isabel por partida doble, como hijo de Francisco de Paula, hermano de Fernando VII y de Luisa Carlota, hermana de María Cristina, última esposa del anterior. Esta candidatura estaba patrocinada por la Corte francesa. Francisco era mariquita e Isabel no quería casarse con él. Sin embargo la boda se celebra el 10 de octubre de 1846, ella con dieciséis años, él con ocho más.

 ¿Se consumó el matrimonio? La vox populi  afirma que fue el general Serrano, a quién la reina llamaba “el general bonito” el iniciador de la reina en los placeres carnales, camino que siguieron después otros amantes. Mientras tanto Francisco iguala el número de amantes masculinos de la reina.

 En 1847 el general Serrano es enviado a Granada. Isabel lo sustituye por su maestro de música, Valldemosa.

 Isabel II tuvo doce partos de los que verdaderamente se lograron cinco: Isabel, Alfonso, Pilar, Paz y Eulalia. La paternidad de Alfonso XII se atribuye a José María Ruiz de Arana “el pollo Arana” o al militar Enrique Puigmoltó.

  

Levantamiento carlista (1846-1849)

 Las expectativas frustradas de unión dinástica entre Isabel II y el conde de Montemolín (Carlos VI en la genealogía carlista) allana el camino a una nueva serie de partidas dispersas que perturban el país pero que no alcanzaron, para los historiadores, la categoría de segunda guerra carlista. En esta ocasión el escenario exclusivo es la geografía catalana donde se inician escaramuzas en distintos puntos. Al mando jefes competentes, entre ellos el general Cabrera (último en rendirse en la primera guerra carlista).

 En las huestes Isabelinas se suceden un rosario de jefes y capitanes generales (uno de ellos es Pavía) que ponen de relieve la incapacidad del ejercito para atajar un conflicto muy acotado.

 Sin embargo el abortado regreso del conde de Montemolín desde su confortable retiro en Londres[3], después de una ridícula historia de amor en donde abdica para contraer matrimonio morganático y entonces la novia le abandona (poco amor había y sí mucho interés), acaba por disolver los reductos carlistas, que optan por refugiarse en Francia.

 

La década moderada (1844-1854)

 De la mano del partido moderado se consolida a partir de 1844 y durante una década un liberalismo muy restrictivo, caracterizado en lo político por el caciquismo. El hombre fuerte del periodo es Ramón María Narvaez (otro de los amantes de la reina). Promovió una nueva Constitución, la de 1845, y consiguió evitar la oleada revolucionaria extendida por gran parte de Europa en 1848. Para mantener el orden funda la Guardia Civil en 1844 (creada por Francisco Javier Girón, marqués de Ahumada). 

El 2 de febrero de 1852  Isabel es apuñalada por el cura Merino. Solo resulta herida levemente.

 Los ministerios se sucedían unos a otros. Todos procuraban enriquecerse a costa del erario público.

 En uno de los numerosos cambios ministeriales es nombrado Presidente del Consejo José de Salamanca que, en seis años, se hará millonario (asociado a Fernando Muñoz, esposo de María Cristina, madre de la reina). Isabel acepta las sumas de dinero que le entrega Salamanca como supuestas ganancias obtenidas en bolsa por cuenta de su majestad.

 Un ejemplo de la corrupción reinante en el país es el trazado demencial que se aprueba, en un Real decreto de 5 de julio de 1852, para la línea de Ferrocarril Madrid - Irún. La razón era que los caciques querían que el ferrocarril pasara por sus áreas de influencia ya que se pagaba 200.000 pesetas por cada kilómetro que debían atravesar las vías. Isabel I también quiso participar del negocio y para cobrar los cuarenta mil duros por kilómetro desvía el trazado a fin de que la línea atraviese tres fincas propiedad de la corona: la Casa de Campo, la Florida, y la montaña de Príncipe Pío.

 Si Isabel necesitaba el dinero para sus numerosos dispendios en joyas, vestidos, o siempre dispuesta  a pagar los gastos de sus favoritos, su madre y padrastro si tenían un desorbitado afán de lucro, tanto que un embajador francés afirmó que “no existe en España ningún negocio industrial en el que María Cristina o el duque de Riansares no tomen parte”

 

El bienio progresista (1854-1856)

 El sistema caciquista impedía de hecho el acceso al poder de los progresistas por las urnas. Así que se hizo con el poder gracias a un acto de fuerza, el pronunciamiento de Vicálvaro (la llamada Vicalvarada) de 1854 protagonizada por O´Donnell. Se llamó a  Espartero para dirigir el gobierno.

 Hubo un motín en el que fueron saqueados los palacios del marqués de Salamanca y donde vivía la reina madre, que tiene que refugiarse en el palacio real- El encono del pueblo contra María Cristina es tal que se pide que fuera recluida y juzgada.

 Para acallar los ánimos María Cristina es expulsada, se le suspende el abono de la pensión que las Cortes le habían señalado y se le confiscaban sus bienes.

 

La unión Liberal (1858-1863)

 Tras dos años en que Narvez vuelve a gobernar, le sigue un partido mas templado, la Unión Liberal, en trono a otro militar el general Leopoldo O´Donnell. Un periodo de relativa estabilidad social con aventuras en el exterior: Guerra de Marruecos, intervención en Méjico, en Indochina y en el Pacífico (bombardeo de Callao).

 

Crisis definitiva (1864-1868) 

La crisis económica, la división del partido moderado, la discordia entre unionistas y moderados y la conducta de Isabel II  llevó a una política represiva (con Luis González Bravo el régimen rozó el sistema dictatorial) que termina con la revolución de 1868.

 En junio de 1866 estalla un primer movimiento contra Isabel II. La sublevación de los sargentos en el cuartel madrileño de San Gil es la señal. O´Donnell, a la sazón jefe del gobierno, reprime la rebelión a sangre y fuego.  Se hicieron muchos prisioneros.

 Cuando la reina pregunta cuantos hay, le dicen que más de mil. Da entonces la orden de que se los fusile a todos antes del amanecer.  Las ejecuciones se suceden durante varios días. Entre los condenados a muerte que salvaron la vida están hombres como Emilio Castelar, Manuel Becerra o Práxedes Mateo Sagasta.

 Fueron fusilados 67 sargentos, cabos y soldados, entre los que había por completo inocentes, ajenos a la insurrección.  La reina sin embargo no se da por satisfecha hasta tal extremo que O´Donnell llega a decir: ¿Pero no ve esa señora que si se fusila a todos los soldados cogidos va a ser tanta la sangre que llegará hasta su alcoba y se ahogará en ella?  Enterada la reina de este comentario decreta el cese de O´Donnell, que se ve obligado a dimitir dos semanas más tarde. Isabel pierde así uno de los dos únicos apoyos que le han permanecido siempre fiel (el otro era Narvaez)

 La insurrección definitiva estalla en Andalucía el 18 de septiembre de 1868 con el pronunciamiento del general Topete en Cádiz. El general Serrano se pone al frente de la guarnición de Sevilla y el general Prim de la de Barcelona. Las tropas leales a la reina, mandadas por el marqués de Novaliches, se enfrentan a los sublevados y son derrotadas en Alcolea.

 El general Serrano, duque de la Torre, se dirige hacia Madrid. La reina, que estaba veraneando en Lequeitio, abandona el país el 30 de septiembre de 1868, sin abdicar de sus derechos. Al llegar a París el matrimonio se separa. Ella se queda con su amante de turno, Marfori, el se va a Epinay sur-mer con su inseparable Meneses.

 Se constituye un gobierno provisional bajo el mando del general Serrano.

 A partir de este momento se inicia una etapa de seis años (sexenio democrático) en los que hay varios ensayos de crear un sistema democrático.

 El 25 de junio de 1870  Isabel II abdica en su hijo Alfonso XII en el palacio de Castilla (el palacio Basilewski que la reina había comprado y rebautizado) de la Avenue Kleber. Francisco de Asís no quiso asistir por ser contrario a la abdicación. El promotor de esta abdicación era Cánovas del Castillo con la intención de favorecer la vuelta de la dinastía borbónica a España.

 Isabel muere en 1904, sin haber abandonado París.

 

 

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Este sitio se actualizó por última vez el 02 de agosto de 2005