Juan de Austria
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Carlos II

 

Nacido en Ratisbona en febrero de 1547, fruto de los amores del emperador Carlos V (de cuarenta y siete años entonces) con una muchacha del lugar de dieciocho o diecinueve años, Bárbara Bloomberg.

El chico fue encomendado a una familia de pastores que le dieron el nombre de Jeromin o Geronimo.

 El muchacho entró en la casa imperial en 1554 y fue a Yuste con su padre, aunque el emperador nunca dio a conocer que el niño era suyo.

 Felipe II solo conoció la verdad después de la muerte de su padre. El joven rey se sorprendió  pero se portó con magnanimidad y dio la bienvenida en la Corte a su recién descubierto hermano, a quien, no obstante, siempre negó el título de Alteza y los honores de infante

 En 1568 le nombra capitán general de la flota mediterránea, y en 1569 comandante supremo de las fuerzas desplegadas contra los moriscos en Granada.

 En 1571 tiene su gran momento al vencer a los turcos en la batalla de Lepanto.

 Don Juan se incorpora al mando en Flandes en 1577, sustituyendo a don Luis de Recaséns quien a su vez había sustituido al duque de Alba en 1573.

 El 31 de enero de 1578 vence a los rebeldes en la batalla de Gembloux. Pero no puede explotar su éxito porque Felipe, siempre desconfiado, le regatea los medios. Es derrotado, se tiene que refugiar en la ciudad de Namur y el 1 de octubre de 1578 abandona este mundo.

 EL ASESINATO DE JUAN DE ESCOBEDO

 La victoria de don Juan de Austria en Lepanto en 1571 le había transformado en un héroe y figura de renombre europeo. Como tal se convierte en un problema para Felipe II.

 Irascible y arrogante, don Juan de Austria ambiciona mayor gloria y unas recompensas más tangibles. Desea en particular un territorio propio.

 El rey, sin embargo, está decidido a que no tenga ninguno y encarga a su secretario Antonio Pérez controlar las aspiraciones de don Juan. Todos los movimientos del ilustre vencedor de Lepanto son observados por un cuerpo de funcionarios que informaban acerca de cualquier acontecimiento desfavorable.

 A finales de 1574, Pérez destituye al secretario personal de don Juan y lo reemplaza por un viejo amigo, Juan de Escobedo, secretario del Consejo de Hacienda desde 1566 y pariente de Ruy Gómez, privado del rey.

 Felipe temía que su hermano fundara un reino separado, fuese en Africa del norte (donde conquistó Túnez en 1573, para perderla al año siguiente) o en Inglaterra (donde el Papa se había propuesto enviarle a la cabeza de un ejército católico de invasión).

 Pérez sugirió nombrar Cardenal a don Juan, lo que significaría que si conquistaba un reino no tendría herederos legítimos y el territorio revertiría a su muerte en Felipe II. Sin embargo Felipe nunca aceptó esa sugerencia.

 En octubre de 1576 el rey decide enviarle a los Países Bajos, con plenos poderes para hacer concesiones que restauren la autoridad real.

 Sorprendentemente don Juan tiene éxito. En 1577 todos los puntos en litigio están aparentemente resueltos. Don Juan es aceptado como Gobernador General y hace una entrada triunfal en Bruselas.

 Tan pronto sucede esto, don Juan y Escobedo empiezan a exigir su retorno. Una propuesta era que los dos hombres volvieran a la corte y, junto a Pérez, tomaran el control de la política del rey. En una carta, Escobedo sugiere que el rey se está haciendo demasiado viejo para gobernar con eficacia.

 Felipe no llegaba a los cincuenta años cuando se escribió esa carta. Si la leyó (porque Antonio Pérez se la pasó) debió de sentirse gravemente menospreciado.

 Una segunda propuesta de don Juan era dirigir la invasión de Inglaterra (como deseaba el Papa) para destronar a Isabel.

 Don Juan envió a Escobedo a convencer al rey, a través de su amigo Pérez, para que proporcionase los medios para la invasión.

 Pero tras la marcha de Escobedo la situación en los Países Bajos cambia dramáticamente. Las concesiones de don Juan no contentan a los holandeses, bajo la influencia de Guillermo de Orange, a la sazón el hombre más poderoso de los Países Bajos.

 En septiembre de 1577 recibe un ultimátum en el que se le exigía licenciar a todas sus tropas, entregar todas las ciudades que le eran leales, retirarse a Luxemburgo y pedir al rey que le llame.

 El rey, de mala gana, ordena volver a los Países Bajos a dos regimientos de españoles para proteger a don Juan.

 La derrota al ejército de los Estados Generales en Gembloux, en enero de 1578, anima a Escobedo a insistir aún más sobre la empresa inglesa.

 Esto coloca al rey en una situación difícil pues si se niega rotundamente se indispondría con su hermano victorioso y comprometería su posición en los Países Bajos. Pero la invasión de Inglaterra era imposible. No había dinero.

 Escobedo tiene mal genio y su paciencia empieza a acabarse cuando, después de ocho meses en la Corte, todavía no ha conseguido nada ni para su señor ni para él mismo. Dio en sospechar, correctamente, que Pérez no estaba haciendo todo lo que podía en pro de su causa.

 Por lo tanto empieza a amenazar a Pérez. Según algunas versiones Escobedo encontró a Pérez acostado con la princesa de Éboli, viuda de su anterior protector, y también amiga del rey, y amenazó con delatarle.

Otra versión afirma que Escobedo había descubierto que Pérez y la princesa vendían secretos de Estado a los enemigos de España.

 A las siete de la noche del 31 de marzo de 1578 Escobedo fue apuñalado a muerte por una partida de matones al regresar a su alojamiento, a pocas manzanas del Palacio Real.

 Lo más extraordinario del asesinato de Escobedo es que durante meses no se hizo nada por averiguar quienes eran los culpables. Por tratarse de un cortesano y secretario real residente en Madrid, el crimen caía bajo la jurisdicción de los magistrados personales del rey. En contraste con la prontitud con que solían actuar con motivo de otros desórdenes ocurridos en el entorno inmediato del monarca, estos funcionarios no hicieron nada.

 La respuesta a esta pasividad es sencilla: Escobedo ha sido asesinado por orden del rey y el hecho ha sido organizado por Antonio Pérez. Sobre la complicidad del rey en el asesinato no parece haber muchas dudas:

 -         En el juicio contra Pérez los jueces le piden que declare “las causas que ha habido para que su majestad diese su consentimiento a la muerte del secretario Escobedo”

-         El rey consiente la fuga de los asesinos sobornados por Pérez. Así consta en las notas ológrafas del secretario informando al rey de sus planes para alejarlos de Madrid.

-         Felipe ignora las súplicas de la familia del asesinado para activar el curso de la justicia.

 Los motivos para el asesinato debieron ser la convicción de que la eliminación de Escobedo era vital para la seguridad de la monarquía de Felipe II. Si volvía a los Países Bajos sin contrapartidas, o si era arrestado, don Juan podría unirse a los rebeldes holandeses y desafiar al rey.

 La muerte de don Juan de Austria, en octubre de 1578, de fiebre tifoideas en los Países Bajos, despeja el camino al rey para ceder a las presiones de los numerosos enemigos de Antonio Pérez que le acusan del asesinato.

 Al principio el rey decide intentar comprar a Antonio Pérez, ofreciéndole un puesto diplomático en el extranjero. El secretario se niega, probablemente porque desconfía de su seguridad y de las promesas de Felipe.

 El 30 de marzo de 1579 Felipe escribe una carta al cardenal Granvela, que tiene ahora más de sesenta años, para que acuda a España para hacerse cargo del gobierno. Hasta que llegue Felipe hace lo que puede para mantenerse alejado de Madrid y de sus funcionarios.

 El 3 de julio de 1579 el rey escribe a Mateo Vázquez, ex capellán y secretario de Felipe, quien había instado al rey a arrestar a Pérez, rogándole que vuelva. El 9 de julio Vázquez manifiesta su acuerdo en forma de ultimátum: el rey había de protegerle y no aceptar consejo de Antonio Pérez.

 El 28 de julio llega Granvela a Madrid. Esa misma noche Antonio Pérez es arrestado.

 Hasta 1584 Pérez solo estuvo sometido a arresto domiciliario, a una multa y a la pérdida de su cargo.

 Pero en 1584 uno de los hombres que había contratado para asesinar a Escobedo delató a sus cómplices, confesó su culpa y acusó al secretario de responsabilidad (este hombre estaba influido tanto por los sobornos de los herederos de Escobedo como por el temor a ser eliminado ya que sus tres cómplices habían desaparecido en circunstancias misteriosas).

 En enero de 1585 Pérez fue arrestado oficialmente y, aunque se refugió en una iglesia cercana, fue sacado de allí y encarcelado en el castillo de Turégano, cerca de Segovia. Al año siguiente se le trasladó a Madrid.

 El 23 de febrero de 1590 se le tortura y fuerza a confesar el asesinato de Escobedo, afirmando en su defensa que ha actuado a las órdenes del rey. Pérez no puede probar su afirmación porque todos sus papeles han sido prendidos. El 1 de julio de 1590 se le condena a muerte.

 Esta condena no se puede llevar a efecto porque el 19 de abril el secretario ha escapado de la cárcel, y, aunque todavía débil después de la tortura, pudo cabalgar los trescientos veinte kilómetros que separan Madrid de Zaragoza, donde ha logrado esconder copias de su correspondencia con el rey. Desde ese momento comienza un encarnizado desafío a Felipe que durará hasta la muerte del rey.

 ¿Por qué cambió el rey de parecer entre 1579 y 1589?. Todo indica que lo que le indujo fue el cambio de situación política. Hasta 1588 “Dios era español”. El desastre de la armada invencible en 1588 y los fracasos subsiguientes le hicieron escudriñar su conciencia en busca de ofensas a Dios. Su papel en la muerte de Escobedo era una posibilidad evidente, pero el culpable no podía ser él sino Pérez quién le había manipulado.

 

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