Los Reyes Visigodos en la Peninsula Ibérica



 

Los Reyes Visigodos en la peninsula Ibérica

En 410 el rey visigodo Alarico toma y saquea Roma.

Desde el año 411 la antigua Iberia es tierra de nadie y campo de batalla entre Suevos (Galicia), Vándalos (Bética), y Alanos (cuenca del Duero y el Tajo).

El primer rey visigodo que llega a la península es Ataúlfo (410-415), cuñado de Alarico, a quien había sucedido en el año 410. Durante dos años permaneció en la Roma recién conquistada, pero tras ese periodo, se encamina con su pueblo hacia la Galia, para establecerse en esa provincia.

Emplea su ejercito en apoderarse de ciudades del sur de Francia como Burdeos, Narbona y Tolosa. Allí crea un reino independiente, con la capital en Burdeos y se desposa (414) con Gala Plácida, hija de Teodosio y hermana de Honorio, el emperador romano.

A este no le hizo ninguna gracia estos esponsales, por lo que envía a su general Constancio – luego emperador en 421 – al frente de un ejército para vengar la afrenta. La ofensiva romana tiene éxito y Ataulfo se ve obligado a cruzar los Pirineos y retirarse a la Hispania Tarraconense. En Barcelona instala su nueva corte y trata de dominar el país desde esa ciudad.

Pero la derrota frente a Constancio le ha desacreditado a los ojos de su pueblo y de aquellos que querían arrebatarle el poder. Fruto de una conjura muere, asesinado en su palacio (415).

Fue asesinado por Sigerico, jefe del clan contrario, quien hizo matar también a los seis hijos de Ataulfo. Sus vasallos le dan muerte a los siete días. Comienza así el llamado “morbo gótico”, una afición desmedida por liquidar al coronado arrebatándole la vida (solo la mitad de los reyes godos murió en la cama)

Paradójicamente el nuevo rey visigodo, Valia, obtiene el placet de Roma para crear el reino de Tolosa a cambio de expulsar de Hispania a Suevos, Alanos y Vándalos (416). Partiendo del estrecho de Gibraltar, los vándalos pasaron a Africa en busca de la fertil Tunez dejando bien acreditada en España su mala reputación. 

A Valia le sucede Teodorico I (418-451) que muere en la batalla de los campos Cataláunicos, cerca de Orlean repeliendo la ofensiva de los hunos de Atila.

El ejercito Romano-visigodo estaba comandado por el General romano Aecio y por el propio Teodorico. La batalla en los campos Catalunicos se puede considerar como la primera derrota de Anibal ya que tras las primeras batallas todo parecía indicar que la victoria iba a caer en manos romanovisigodas. Anibla se vió obligado a retroceder. No obstante en las refriegas cae muerto Teodorico. Su hijo, Turismundo, no tenía el mismo sentimiento prorromano de su padre, y además estaba preocupado por la tradición visigoda de matar al heredero para ocupar el poder, por lo que se retira del campo de batalla sin la derrota total de Anibal. Aecio  desconfiando de la posible traición de Turismundo también se retira dejando a Atila suelto para seguir asolando Roma.

Turismundo sucede a su padre Teodorico en el 451, pero tal como se temía es asesinado por su hermano Teodorico II

A la primera incursión de importancia por Hispania de Valia, siguieron otras como las del rey Teodorico II (453-466), Eurico (466-484) o Alarico II ( 484-507).

Pero no serán los hispano romanos los que causarán la ruina a Alarico II sino los francos que codician las tierras visigodas al norte de los Pirineos. Su rey Clovis le declara la guerra y lo derrota en la batalla de Vouillé. Clovis mata con sus propias manos a Alarico II en 507, fecha a partir de la cual llega una gran oleada de visigodos que huyen de las Galias.

Se calcula que un máximo de 200.000 visigodos se establecieron en Hispania hasta el año 531; Al principio en la mesetas norte donde controlaban a los Suevos (lo que se conoce hoy como tierra de campos se llamaba entonces Campi Gothorum). Después, durante los reinados de los reyes ostrogodos - Teudis, Teudiselo y Agila – fueron extendiéndose hacia el sur.

Se impuso entonces una evidencia: No era posible administrar la Península Ibérica desde un lugar tan remoto como Barcelona. Teudiselo (548-549) traslada la capital a Sevilla. Teudiselo era un hombre de violencia arbitraria, amante de los hombres sin reparar en medios para conseguirlos, incluido el asesinato de sus esposas. Murió en Sevilla cuando celebraba un banquete, a manos de rencoroso favoritos.

La anarquía que se instaló en el poder fue aprovechada por los bizantinos que se instalan en el levante, movidos por el afán de Justiniano por recuperar las antiguas tierras del imperio.

Agila (549-554) traslada la capital a Mérida. Finalmente Atanagildo (554-567), de origen visigodo, después de matar a Agila, escoge Toledo como nueva sede de la Corte, pues de este modo equidista tanto de sus enemigos en el noroeste (Suevos) como de los bizantinos que han ocupado la costa desde el Jucar hasta el Algarve. Además Toledo tiene un emplazamiento inexpugnable. Comienza así el reino de Toledo que habría de durar hasta la invasión árabe.

Le sucede Liuva, que se casa con su viuda y decide trasladar la capital de nuevo allende los Pirineos, en Narbona. Los visigodos españoles se rebelan y Luiva envía a su hermano Leovigildo para someterlos.

Este, sin embargo, hace causa común con sus compatriotas, renuncia a los territorios franceses y reclama el trono hispano.

Con Leovigildo se consigue prácticamente la unidad de Hispania. Tras sofocar una revuelta campesina en las cercanías de Córdoba y someter a toda la España del sur, emprende una ofensiva contra los Cántabros (574) cuya provincia ocupa tras apoderarse de la ciudad de Amaya y asesinar a la mayor parte de su senado. En 576 le vemos atacando los Suevos. En 577 en la zona oriental de Sierra Morena, aplastando otra revuelta campesina; y en 581 lanzándose contra los vascones que habían llegado hasta Rosas. Tras expulsarles de la ciudad gerundense, invade su territorio y se apodera de parte de él, fundando la ciudad de Victoriaco (¿Vitoria?). En 585 conquista Galicia.

Otro mérito de Leovigildo fue igualar en derechos a hispano-romanos y visigodos, permitiendo los matrimonios mixtos. La nueva aristocracia deja de ser romana o goda para convertirse en española.

Leovigildo no impuso por la fuerza el arrianismo (el hijo es inferior al padre; niegan por tanto la Santísima Trinidad) ni persiguió a los católicos.

Le sucede en 586 su hijo Recaredo. Pocos meses más tarde se convierte al catolicismo, consciente de que la diferencia religiosa era el principal obstáculo para la fusión entre visigodos e hispanoromanos. Como tantas veces en la Historia la unidad religiosa se utiliza como un medio de completar la unidad política.

Con ello cambia de forma sustancial las ideas políticas de los godos: según sus costumbres el rey era fundamentalmente un caudillo elevado al poder por la elección directa de sus compañeros de armas. Al asociar el trono visigodo con la Iglesia, le da el carácter de “unción divina”, propia del derecho romano.

La Iglesia se convierte así en un segundo poder que fiscaliza la elección del monarca y controla a los jueces. Transformada en una pieza más del organigrama administrativo visigodo, la jerarquía eclesiástica no tuvo una relación muy cordial ni muy frecuente con la sede de Roma.

Durante su reinado se expulsan a los últimos bizantinos que controlaban territorio ibérico y se contiene la amenaza de los francos en el norte.

Tras él reina Liuva II eliminado a los 2 años por un golpe de estado encabezado por Viterico. Tras un gobierno de 13 años, fue asaltado durante un suntuoso banquete y su cuerpo arrastrado por Toledo y arrojado a una cloaca.

Los nobles eligieron a Gundemaro (610-612) un monarca de transición que murió en su lecho. Le sucedió Sisebuto (612-621), hombre de gran cultura que mantuvo una estrecha amistad con san Isidoro y combatió a los bizantinos. Consiguió que no le asesinaran y que le sucediera su hijo Recaredo II quien murió al parecer por causas naturales.

En 621 fue elegido Suintila, un general victorioso que perdió el juicio al ver morir a su heredero en una batalla. Su esposa Teodora tomó las riendas del poder pero no demostró talento más que para yacer con los hombres que le gustaban y luego asesinarlos.

Un noble poderoso, Sisenando, apoyado por el rey franco Dagoberto, depuso a Suintila y reinó 5 años. Con Chintila (636-639) vuelve la paz, pero, tras su muerte prematura, la corona recae en su hijo Tulga, un joven débil, depuesto por una conjura nobiliaria.

Los nobles eligen a Chidasvinto (642-653) que refuerza la autoridad real. Como empezó a reinar con 80 años asocia al trono a su hijo Recesvinto, un rey moderado un complaciente con la aristocracia pero que no pudo evitar las luchas entre el clan político familiar de su padre y el de Wamba.

Recesvinto, que reinó entre los años 653 y 672, fue uno de los monarcas más queridos por su pueblo y el impulsor de la redacción del Liber Iudiciorum o Fuero Juzgo, un código legal que hacía desaparecer las diferencias existentes hasta entonces entre la mayoritaria población hispano romana y la de estirpe visigoda que había detentado todos los privilegios sociales y ante la ley.

Recesvinto tuvo un hijo llamado Teodofredo, que no llegó a reinar porque en 672 los magnates palatinos eligen a Wamba. Sus ocho años de reinado registraron notables éxitos, narrados por San Julián como primado de la máxima autoridad de la Iglesia hispana: Sofocó la rebelión del conde Paulo en la Septimania (sur de Francia), dispersó una armada árabe que desde el norte de Africa pretendía alcanzar las costas de España y prosiguió la política de Chindasvinto y Recesvinto de fortalecer el poder real y acabar con la anarquía nobiliaria. Esto molestó al conde Ervigio que ideó una trama para destituirle sin quitarle la vida.

La forma de derrocarle merece la pena describirse. La legislación visigoda restringía el acceso al trono a los hombres que tuvieran un grave defecto físico, en especial la ceguera, o a aquellos que fueran clérigos, aún en los más bajos escalones jerárquicos de la clerecía. Ervigio suministró a Wamba una bebida con un somnífero y durante su sueño le tonsuró la cabeza e hizo que le administrasen el orden sagrado de la penitencia, lo cual le incapacitaba para seguir reinando. Ervigio fue proclamado rey con el beneplácito de los obispos reunidos en el XII concilio de Toledo y Wamba asumió su nueva condición entrando en un monasterio de la ciudad de Pampliega, donde murió como clérigo varios años después.

Los 50 años restantes fueron una lenta agonía. Las malas cosechas y la hambruna en tiempos de Ervigio y la peste que asoló el reinado de Égica, yerno del anterior, debilitaron a una población diezmada y desmoralizada.

Égica decidió trasladar a Teodofredo, el hijo de Wamba, a Córdoba para alejarle de la intriga palaciega. Allí Teodofredo se casó con una dama noble llamada Regilona con la que tuvo por hijo a Rodrigo.

En el 702 sube al trono Witiza, personaje turbulento y misterioso que murió antes de los 30 años sin poder dejar la corona a ninguno de sus hijos que eran aún niños.

Witiza era un hombre con bastantes peores intenciones que su padre. Una de sus primeras medidas fue la de encarcelar a Teodofredo en Córdoba y sacarle los ojos para cercenar así toda veleidad conspiradora. Luego apartó al arzobispo Sinderedo de su diócesis primada de Toledo, la capital del reino, y entronizó a su propio hijo, don Opas, que era arzobispo de Sevilla. Aquel acto de nepotismo le indispuso con la mayoría del clero español, a lo que él respondió quitando los privilegios a las iglesias. Además permitió que regresaran a España los judíos, que habían sido expulsados durante el reinado de Sisebuto, casi un siglo antes, y les otorgó no solo su especial amistad sino los resortes de la economía en perjuicio de los cristianos. Con todas estas actitudes se fue gestando en el pueblo y en la nobleza un estado de ánimo muy poco favorable a la permanencia de Witiza en el trono.

Cuando el rey quiso sacar los ojos también a Rodrigo, el joven conde no se dejó capturar como su padre y llamó en su ayuda a todos los descontentos. Al frente de ellos promovió una rebelión armada que terminó con Witiza destronado y sin ojos. Los nobles nombran inmediatamente rey a don Rodrigo. Corría el año 710.

Había entonces en Toledo un palacio conocido como la Torre de Hércules porque se decía que lo había fundado ese personaje mítico durante sus andanzas por la península ibérica en el curso de sus célebres doce trabajos. El edificio permanecía cerrado desde tiempo inmemorial con grandes candados que nadie, hasta entonces, se había atrevido a abrir.

Rodrigo mandó abrirlo porque esperaba encontrar dentro un gran tesoro. Pero en el edificio no había aparentemente nada y cuando Rodrigo recorrió los subterráneos que se dirigían al cercano Tajo, solo halló un arca cerrada. Dentro encontró un paño de rico tejido con unas letras que decían que, cuando fueran violentadas las cerraduras y el arca, unas gentes como las que estaban pintadas en el paño entrarían en España y la conquistarían. Allí estaban pintadas muchas gentes montadas a caballo, con espadas, ballestas y lanzas, y cubiertas con ropas multicolores y turbantes en la cabeza. El rey y sus acompañantes se asustaron mucho, y el arca y el palacio volvieron a ser cerrado con más candados que antes.

En aquella época, siguiendo una tradición romana que perduraría en los siglos medievales, los grandes señores enviaban a sus hijos al palacio de los reyes para que se educasen y criasen desde niños (de ahí que se les conociera como criados, palabra que nada tenía de servil sino de honorífica).

Entre los grandes del reino se encontraba don Julián, jefe de la guardia de don Rodrigo, señor del castillo de Consuegra y de la ciudad y fortaleza de Isla verde (hoy Algeciras), desde donde dominaba todo el estrecho.

El conde tenía una hija, célebre en todo Toledo por su hermosura. Se llamaba Caba (o Cava) que no solo se criaba en Palacio sino que estaba destinada a casarse con el rey. Durante uno de los frecuentes viajes que Julián hacía a Africa, Rodrigo sintió un irrefrenable deseo hacia Caba, tras verla desnuda en los baños. La violó aquella misma noche y luego le prohibió que hablara de ello con nadie, y menos aún con su padre. Pero Caba envió a su padre varios regalos entre los que incluyó un huevo podrido, y el padre entendió tan sutil mensaje.

Una vez que regresó de su viaje no dio a entender al rey que lo sabía sino que, tramando su venganza, se mostró tan cortés como siempre. Un día, pretextando que su mujer estaba enferma en Algeciras, salió de Toledo llevándose con él a Caba, para que visitase a su madre.

Pasó don Julián a Ceuta, que también era posesión suya, y allí entabló negociaciones ne secreto con el gobernador musulmán de la región, Muza, que representaba al califa Al-Walid de Damasco. Propuso al moro que su ejército cruzara el estrecho y que él le ayudaría desde sus fortalezas en la costa sur española.

Muza no confiaba demasiado en el éxito de semejante aventura y sugirió que primero cruzaran unos pocos de sus hombres para explorar el terreno y comprobar la resistencia que podrían encontrar allí. Asi fue como el general Tarif desembarcó con unos cientos de jinetes en el lugar conocido hoy como Tarifa. Esta primera expedición llegó hasta Algeciras saqueando unas cuantas aldeas para luego regresar e informar al gobernador.

Muza concibió entonces mayores esperanzas pero solicitó la ayuda de don Julián. Este, como jefe de la guardia real de don Rodrigo y por lo tanto hombre de su máxima confianza le convenció de que no era necesario mantener permanentemente un ejército en armas, pues unos pocos soldados se bastaban para mantener el orden en un reino que, salvo por los díscolos cántabros y vascones arrinconados en sus montañas, gozaba de paz desde hace más de cien años. Rodrigo creyó a su consejero e incluso mandó que se destruyeran las armas para forjar arados y podaderas como se cita en un texto bíblico.

Con su reducida tropa Rodrigo se dirige contra los montañeses norteños. Ese fue le momento elegido por Muza para dar su gran golpe. No obstante, como Muza fue reclamado por el Califa, dejó el proyecto militar en manos de su general Tariq. Los moros volvieron a cruzar el estrecho y pusieron pie en la península junto a un monte o roca que se proyecta en el mar. Este lugar se llamaría Yebal Tariq (Monte de Taric) traducido al castellano como Gibraltar.

Llegada la noticia del desembarco, Rodrigo que estaba a punto de entra en combate con los vascones, da media vuelta y se dirige lo más rápido posible al encuentro de los invasores.

Los dos ejércitos se encuentran en Guadalete (Barbate o La Janda segun otras versiones), cerca de Jerez. Los musulmanes, perfectamente pertrechados, vestían las ropas que mostraban los dibujos del tapiz toledano. El ejército español, con pocas armas tras la política de desarme promovida por don Julián, había conseguido no obstante reunir suficientes fuerzas. Pero la traición anidaba en sus propias filas. Sus dos alas estaban mandadas por hijos del rey Witiza (asombra la ingenuidad permanente de Rodrigo a la hora de elegir sus colaboradores) que habían pactado ya con los musulmanes su retirada en cuanto comenzase el combate.

La batalla duró dos jornadas y se desarrolló alrededor de los días 16 y 17 de julio del año 711. Como era de esperar, tras la defección de los hijos de Witiza, el resto del ejército fue aniquilado.

Tras la derrota de Guadalete Tarik se encamina a Toledo por el camino más corto sin hallar resistencia. En la capital halló un copioso botín. Su Jefe inmediato, Muza, celosos del éxito de su subordinado, desembarca a su vez  y sigue una ruta más occidental capturando dos ciudades de primer orden: Hispalis (Sevilla) y Mérida.

Ambos jefes se reunen en Toledo. A partir de aquí un ejército musulmán se dirigió hacia el noroestey otro por el valle del Ebro ocupó Zaragoza y barcelona. En 715 los musulmanes habían conquistado toda la península de la península salvo pequeños enclaves. Toda menos la mayoría de la cornisa cantábrica, no porque no poseyeran la fuerza para ello sino porque aquellas tierras montañosas, cubiertas de niebla y bosques y con poco terreno para el cultivo no les eran especialmente apetecibles teniendo las fértiles llanuras de la meseta y las vegas de los grandes ríos.

No se sabe a ciencia cierta el volumen del ejército con que Tarik se enfrentó a Don Rodrigo. Se habla de 12.000 hombres bereberes (musulmanes recien convertidos, considerados de categoría inferior) mientras que Muza pudo contar con 18.000 árabes de Arabia. Aún contando con que otras partidas más pequeñas pudieran haber cruzado el estrecho, hubieran sido absorbidas por los millones de nativos si estos hubieran tenido una voluntad firme de resistencia.

En la batalla de Guadalete (711) Don Rodrigo pierde algo más que su propia vida. Con él perece la monarquía visigoda que había durado 300 años.

Para sobrevivir los hispano-romanos pactan con los nuevos señores a través de un feudo o juramento por el que ofrecían su sumisión a cambio de ser protegidos. He aquí el origen del feudalismo.

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