Los Reyes Visigodos en la Peninsula Ibérica




 

Desde que los visigodos atravesaron el Danubio empujados por los hunos en 376 hasta que comenzaron a instalarse en las provincias romanas de Hispania pasaron apenas 40 años.

 Los visigodos quisieron ponerse a salvo de la amenaza de los hunos dentro de la seguridad del imperio romano, donde se les acogió.

 El general Constantiniano Gerontius, enfrentado al usurpador Constantino III y enemistado con la aristocracia hispano-romana se propuso conquistar la provincia y llamó en su ayuda a las tribus bárbaras que habían llegado hasta la Aquitania. Así fue como sucesivas oleadas de Suevos, Vándalos, Alanos y Visigodos entran en Hispania.

 Gerontius es asesinado por sus propios secuaces, y Honorio, el emperador romano del momento, consigue por poco tiempo ser dueño de la Tarraconense.

 En 410 el rey visigodo Alarico toma y saquea Roma.

 Desde el año 411 la antigua Iberia es tierra de nadie y campo de batalla entre Suevos (Galicia), Vándalos (Bética), y Alanos (cuenca del Duero y el Tajo).